Galápagos

Posted: November 27, 2015 in Ecuador

 

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El Archipiélago de Galápagos, formado por aproximadamente 230 islas, islitas e islotes, que se encuentra situado a casi 1000 kilómetros de la costa de Ecuador, fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1978 por la Unesco y, seis años más tarde, Reserva de la Biosfera (1985). Administrativamente Galápagos constituye una provincia de Ecuador, conformada por tres Cantones que a su vez son islas, las cuales son San Cristóbal, Santa Cruz e Isabela, y en todas ellas, y en este orden, estuvimos varios días.

Las islas Galápagos fueron descubiertas por casualidad el 10 de marzo de 1535, cuando el barco del obispo de Panamá Fray Tomás de Berlanga se desvió de su destino a Perú. Más tarde fueron utilizadas por piratas ingleses como escondite en sus viajes de pillaje a los galeones españoles que transportaban el oro y la plata, expoliados de América, hacia España.

Como no, tras este breve relato de la historia del archipiélago, tenemos que destacar la presencia de Charles Darwin en estas islas, claves para el desarrollo de la teoría científica de que las poblaciones evolucionan durante el transcurso de las generaciones mediante un proceso conocido como selección natural, a través de su libro El Origen de las Especies.

Pero esto es otra historia, la nuestra es que al llegar a San Cristóbal nos esperaba Carlos, padre de la familia que nos acogería durante nuestra estancia en esta isla. El calor, aun siendo “invierno”, se respira desde el primer momento que salimos del pequeño y moderno aeropuerto.

Su casa está localizada muy cerca de la ciudad, y capital del archipiélago, Puerto Vaquerizo Moreno, y tomando ésta como punto base intentaríamos visitar los puntos más importantes de la isla por nuestra cuenta, como siempre hacemos, aunque esta vez se tornaría bastante más complicado, ya que todo está muy restringido debido a la protección del ecosistema o al sentido hiperdesarrollado del negocio turístico. Pero no será hasta el final cuando me extienda sobre este asunto y también sobre la fantástica vida salvaje.

De todo lo que visitamos en San Cristobal destacamos el Cerro Tijeretas y La Lobería. En el primero pudimos contemplar una colonia de fragatas y una estatua de Charles Darwin, que marca el sitio original donde desembarcó por primera vez en las Islas Galápagos durante el segundo viaje, el 16 de septiembre de 1835. En el segundo, y posiblemente el lugar que más nos cautivó, estuvimos observando bajo la lluvia, sobre una salvaje e inhóspita playa, una colonia de lobos marinos.

Al cuarto día decidimos movernos a la siguiente isla, Santa Cruz. Un movidito viaje en lancha que demoró casi 2 horas nos deposito la capital, Puerto Ayora, que alberga la mayor población del archipiélago con un total de 12 000 residentes. No empezó demasiado bien nuestra estancia, pues tras entrar por primera vez a la habitación de nuestro hostal, cuando intentamos salir, sorpresa, la cerradura está rota, lo que se traduce en una espera de más de una hora en la habitación aguardando la llegada del cerrajero para  que arregle la situación y nos deje escapar de la jaula.

En esta isla tuvimos la oportunidad de visitar la Estación Científica Charles Darwin, la maravillosa playa de Bahía Tortuga, donde en apenas 4 horas nos abrasamos irremediablemente la piel, y la “parte alta” famosa por los túneles de lava y por la gran población de tortugas que habita esta región.

Pero sin duda destacamos ese día en el que decidimos ir a visitar Las Grietas, una entrada de agua de mar por un estrecho canal protegido a ambos lados por altas paredes rocosas. El lugar, infestado de gente cuando arribamos, estaba vigilado por un par de guardas, que se encargan de controlar que no se ahogue nadie y de vaciar el lugar a las 6pm. Nosotros llegamos a las 5pm, pero nada más llegar se puso a llover de manera contundente, lo que llevó a los guardas a decidir cerrar el lugar justo en ese momento. Nos quejamos todo el rato que tardaron en vaciar el lugar pero no parecía dar resultado, hasta que uno de los guardas, mientras el otro se encontraba recogiendo chalecos salvavidas, nos dijo en voz baja que nos escondiéramos en un camino cercano y que esperásemos 5 minutos hasta que ellos se hubieran marchado. Así lo hicimos y de repente el lugar se transformó en un paraíso solo para nosotros, y allí, entre baño y baño vimos como caía la noche.

Otras dos horas en barca nos llevaron hasta Puerto Villamil, situado en la última isla que visitaríamos, Isla Isabela, la más grande y con menor densidad de población del archipiélago. Posiblemente la isla que mejor sabor de boca nos dejó. Realizamos varias caminatas que nos llevaron a lugares donde pudimos observar la maravillosa fauna que esta isla acoge.

Desde aquí también realizamos el único tour que contratamos en toda nuestra estadía en las Galápagos, el cual no defraudó y del que destacamos la posibilidad de nadar junto a tortugas gigantes y la observación de los tiburones de las galápagos, las tintoreras.

Y sí, fue el único tour que hicimos porque en esta isla todo es carísimo. Una inmersión cuesta al menos el doble que en casi cualquier otro punto del planeta, la comida es entre 2 y 3 veces más cara que en el continente ecuatoriano y el alojamiento más de lo mismo. Pero la verdad es que ya sabíamos a lo que íbamos y cualquiera que vaya a este maravilloso archipiélago debe ser consciente de ello. Esto puede ser criticable pero también es verdad que proveer a estas islas de todo lo necesario para vivir aquí es bien costoso.

El problema es la pérdida del alma. El problema llega cuando la tradición se esfuma, cuando el pescado es más caro que en lugares sin costa porque los pescadores, todos y cada uno, se dedican ahora a la pesca del turismo, cuando las técnicas de marketing que se utilizan denigran la inteligencia del turista y la dignidad del que las práctica. El problema está en que pretendiendo ser un isla ecológica en su totalidad oculten al turista el servicio público de autobús desde la propia oficina de turismo o que los propios lugareños retuerzan la realidad indicando que los lugares están más lejos de lo que realmente están con tal de que agarres el taxi de su primo. Es triste que en una maravilla como esta no se pueda acampar más que pagando una cantidad similar al alojamiento en hostal. Es triste también que quieran atraer al cliente a los restaurante anunciando suculentos platos que nunca tuvieron o que se terminaron hace horas. Pero es más triste aun que no haya visos de que esta situación vaya a cambiar en el futuro, más bien todo lo contrario. En definitiva, un quehacer claramente dirigido al turismo pudiente, de masas, dependiente y sin criterio alguno y que dista enormemente de nuestra forma de entender el viaje.

Esa fue la parte fea del viaje por la islas; la bonita, su fantástica naturaleza. Y es que desde el primer momento uno se da cuenta de que se encuentra en un lugar único, casi mágico. Pues si sales a andar por el malecón y decides descasar en un banco, es muy posible que como compañero tengas a un lobo marino. Que desde ese mismo banco observes como las únicas iguanas marinas del planeta compiten por las mejores piedras con los simpáticos pingüinos de Humboldt, unas cuyo origen son las selvas de Centroamérica y otros procedentes de las gélidas aguas antárticas, respectivamente. También puedes observar de bien cerca a cientos de pelícanos lanzándose al agua para pescar, a su vez disputándose la comida con piqueros de patas azules y fragatas. Estas últimas inflarán sus llamativas bolsas de color rojo de su pecho durante la época de apareamiento.

Por supuesto, aquí también se encuentra la reina del archipiélago, la tortuga terrestre más grande del planeta, el Galápago, que hace honor al nombre de las islas. Se puede ver con facilidad en casi todas las islas, en zonas protegidas y en libertad o semilibertad. Esta tortuga puede pesar unos 250 kilogramos y vivir hasta 180 años. Una increíble sensación pensar que alguno de estos ejemplares podría haber conocido al mismísimo Charles Darwin.

Otro caso curioso es el del único cormorán no volador del planeta, o el longevo albatros de las Galápagos, que puede llegar a vivir 80 años. O el de los pinzones, 17 tipos distintos de pájaros bien diferenciados por el pico, de los cuales 13 son endémicos, el más conocido es el “vampiro” que se alimenta de la sangre de otras aves enfermas.

Bajo el agua, los tiburones martillo, las orcas que cruzan el Canal de Bolívar, los tiburones ballenas y otras clases de tiburones se dejan ver con majestuosidad si tienes suerte. Nosotros no la tuvimos para éstos pero sí, como ya dijimos, para ver otro tipo de tiburones, las tintoreras, muchas clases de pequeños peces de colores, caballitos de mar y tortugas marinas gigantes.

Y sí, podríamos enumerar muchísimas especies más, pero sin ánimo de aburrir, lo dejaremos aquí.

Nuestra recomendación: si te entusiasma la naturaleza y algún día tienes la oportunidad de poder llegar a este archipiélago, a pesar de los pesares … ¡Hazlo!

 

 

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