Viaje a ninguna parte

Posted: June 18, 2014 in Uncategorized

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Creuar bona part de CentreAmèrica per terra i en pocs dies va esdevenir una petita aventura plena de contrastos.

Vam començar deixant el carib de Nicaragua tot passant la nit drets al passadís d’un autobús que anava ple fins a vessar, similar a un que, segons molt amablement ens informaven, havien assaltat feia uns dies.

A el Salvador vam viure des de desagradables moments de disputa amb el recepcionista d’un hotel on uns mesos abans havíem perdut un telèfon (el qual, per cert, en reclamar els nostres drets va titllar-nos amb intencions despectives, d’argentins), fins a càlides estones al carrer amb les venedores de pupusas.

Des de Ciudad de Guatemala vam passar una altra horrorosa nit dins un altre bus encara més ple, d’aquells que quan creus que ja no hi cap ningú més, encara t’entaforen un parell de dones ben grosses en un forat que hi ha darrere el teu seient, al final de tot de l’autobús, a l’alçada justa per a què et llencin tot l’alè al clatell, i col·loquen unes trenta persones més (pobretes…), superposades una davant/sobre l’altra al passadís, tot plegat amb una calor i una falta d’oxigen infernals. Un cop a Flores, vam retrobar personatges amb els que ja ens havíem creuat amb anterioritat, i ràpid vam fer família amb el Diego i la Lucila, que més endavant ens acollirien a Buenos Aires.

Dies més tard vam passar la frontera de Guatemala amb Belize sense un duro, i vam creuar Belize sencer en autoestop en unes hores, entre canyes de sucre i a ritme de l’apassionat reggae afro-caribeny, per acabar pagant les desorbitades taxes fronteres igual que si la nostra estada al país hagués durat mesos.

I de nou tornàvem a ser a Mèxic. Uns dies de confort a l’occidentalitzada Chetumal, quedar-nos sense diners i no poder fer res a un privatitzadíssim Bacalar i, havent abandonat Nicaragua i el seu fervorós Palo de Mayo amb la intenció de passar uns últims idíl·lics dies de viatge torrant-nos al sol de les platges de sorra blanca i aigües turqueses de Tulum, acabar menjar-nos una fantàstica i eterna tempesta tropical que va convertir en humits i foscos aquells tan anhelats últims dies. Sort que a casa el Checo hi havia prou quantitat de petites grans persones com per a que es convertís en una estada càlida i animada i, en definitiva, ens sentíssim com a casa.

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Cruzar buena parte de Centroamérica por tierra y en pocos días se convirtió en una pequeña aventura llena de contrastes.

Dejamos el caribe de Nicaragua pasando la noche de pie en el pasillo de un autobús que – como diría Eder- iba lleno hasta las cartolas, similar a uno que, según muy amablemente nos informaban, había sido asaltado unos días antes.

En el Salvador vivimos desde desagradables momentos de disputa con el recepcionista de un hotel donde unos meses antes habíamos perdido un teléfono (el cual, por cierto, cuando reclamamos nuestros derechos nos tildó con despectivas intenciones, de argentinos), hasta cálidos ratitos en la calle con las vendedoras de pupusas.

Desde Ciudad de Guatemala pasamos otra horrible noche dentro de un bus aún más lleno, de aquellos que cuando crees que ya no cabe nadie más, todavía te encajan un par de mujeres bien anchas más en el hueco que hay detrás de tu asiento, al fondo del todo del autobús, a la justa altura para recibir todo su aliento en el cogote, y ubican unas treinta personas más (pobrecitas…), superpuestas una delante/encima de la otra en el pasillo, todo ello con un calor y una falta de oxígeno infernales. Una vez ya en Flores, reencontramos personajes con los que nos habíamos cruzado con anterioridad, y rápido hicimos familia con Diego y Lucila, quienes en un futuro nos acogerían en Buenos Aires.

Días más tarde pasamos la frontera de Guatemala con Belice sin un duro, y cruzamos Belice entero en autoestop en unas horas, entre cañas de azúcar y a ritmo del apasionado reggae afro-caribeño, para acabar pagando las desorbitadas tasas fronterizas igual que si nuestra estancia en el país hubiera durado meses.

Y de nuevo volvíamos a estar en México. Unos días de confort en la occidentalizada Chetumal, quedarnos sin dinero y no poder hacer nada en un privatizadísimo Bacalar y, habiendo abandonado Nicaragua y su fervoroso Palo de Mayo con la intención de pasar unos últimos idílicos días de viaje tostándonos al sol en las playas de arena blanca y aguas azul turquesa de Tulum, acabar comiéndonos una fantástica y eterna tormenta tropical que convirtió en húmedos y oscuros esos tan anhelados últimos días. Suerte que en casa del Checo había suficiente cantidad de pequeñas grandes personas como para que se convirtiera en una animada y cálida estancia y que, en definitiva, nos sintiéramos como en casa.

 

 

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Comments
  1. Txema says:

    cuando hablais de sin dinero que quereis decir que no llevabais en ese momento o que os lo habian sutraido o perdido. sin dinero tambien se puede viajar

  2. Ale Aldana says:

    hola! Gisela y eder! soy Alexandra! la chica que sale en una de sus fotos con la armónica jajajaja la cual no pude soltar en toda la noche! me da muchísimo gusto haber encontrado su hojita donde me escribieron sus datos,estas fotos me han dado un montón de alegría! donde estàn ahora? còmo va la vida viajera? les mando un abrazote enorme! un gusto habernos conocido! y esa noche de artisteada me la guardo en el corazón jajajaja!

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