From Los Cabos a la Paz

Posted: January 12, 2014 in México

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Salimos de la granja con la idea fija de volver a aquel lugar que tanto nos había gustado, el único día que pudimos escapar del rancho con el quad, Los Frailes. Un lugar hermoso, protegido de los vientos gracias a un gran peñón que se encuentra dentro del parque nacional de Cabo Pulmo, hogar de leones marinos. Esta vez lo haríamos cargados con las mochilas y sin vehículo, por lo que nos quedaban 12 kilómetros a pie hasta el destino. Nuestra intención era caminar, pero a medida que avanzábamos nos dimos cuenta que iba a ser demasiado duro… No por el kilometraje sino por el calor y el peso a nuestras espaldas principalmente, así que finalmente nuestros vehículos fueron varios, empezando por una excavadora y acabando en una ranchera. Aquí acampamos durante 4 fantásticos días de libertad y 3 terribles largas noches para nuestra espalda. Los Frailes es una aislada playita donde conviven pescadores locales y canadienses y gringos retirados. Los pescadores construyen sus casas provisionales a base de hojalata y los güeros vienen con sus casas rodantes a pasar seis meses en esta playa, escapando del invierno del norte. Ambos se abastecen gracias a un camión que trae comida dos veces por semana. La paz y la harmonía reinante consiguen en uno mismo sentir la tierra que pisa como propia. Eso y el buen humor y la hospitalidad de sus pobladores. Nunca olvidaremos a la malegueña Lola y a su esposo alemán Wolfgang, que con 77 años venían aquí desde Canadá cada año desde hace ya 20. Uno de esos días de acampada nos animamos a visitar Cabo Pulmo con el objetivo de poder observar a los leones marinos. No hubo suerte, pues parece que no era la época o simplemente no era el momento adecuado del día. Eso sí, pasamos un esplendido día en el paradisiaco paisaje que nos ofrece esa zona virgen de Baja California Sur. La zona en general era tan virgen que una de las mañanas en las que estábamos simplemente sentados en la arena cerca de nuestra tienda de campaña mirando el mar vimos pasar nadando un león marino como si de la cosa más normal de mundo se tratará. Para llegar a La Paz seguimos haciendo dedo hasta los Barriles, desde donde agarramos un camión que nos llevó a la capital. Hasta los barriles nos acerco un afable choyero (nativo de Baja California Sur) que nos fue explicando cada detalle de lo que íbamos viendo en nuestro trayecto. Una vez en La Paz lo primero fue encontrar un alojamiento, este fue La Posada de Cortez. El más barato de la zona ya que no está publicitado por internet, se puede decir que era para gente local, pero no tenía nada que envidiar a otros. Aquí permaneceríamos como se suele decir, entre pitos y flautas, casi dos semanas. Y es que teníamos la intención de llegar a D.F. a primeros de octubre, pero los planes finalmente cambiarían. La Paz, como ciudad no tiene nada que destaque particularmente. La cultura brilla por su ausencia y tampoco en lo social es una maravilla, eso sí nosotros fuimos tratados estupendamente siempre. Lo que si se puede reseñar es que el mar que lo baña es fantástico y lleno de vida. Un día aprovechamos para hacer snorkel junto al tiburón ballena. Viaje en el que además vimos el dorado y una cantidad increíble de delfines. Pasadas las fiestas de año nuevo solo quedaba esperar a agarrar el ferry que nos llevaría hacia Los Mochis. Desde donde comenzará la siguiente aventura con buen regusto ya que en el mencionado viaje divisamos varios grupos de ballenas.

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