Vancouver

Posted: November 9, 2013 in Canadá

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Cuatro fueron nuestros hogares en Vancouver, dos hostels y dos anfitriones de couchsurfing. Tras un largo viaje de catorce horas en autobús desde Calgary aterrizamos en la capital de British Columbia, donde no nos esperaba nadie.

Decidimos alojarnos en el hostel más barato del centro de la ciudad. Aquí pasaríamos dos noches y aprovecharíamos para visitar tanto el centro como para movernos hasta la zona del mercado “Grand Ville Island”. Cual fue nuestra sorpresa cuando descubrimos que había buena comida, indescriptible la sensación. Había buen pan, buen salmón, buena fruta y buenos lugares para comer algo. Casi se me olvida había hasta Jamón ibérico de bellota, eso sí, a 90 dólares los 100 gramos. Pasamos por delante de él como si de un museo se tratase.

Nuestro siguiente alojamiento sería en el tranquilo extrarradio, en la casa naranja. Heder , una joven canadiense con ascendencia china y que hablaba castellano con acento colombiano, nos alojaba. Vivía con dos compañeros, uno argentino y otro de ecuador (la noche y el día). Además la casa estaba dividida en dos apartamentos. en el otro vivían otras tres personas, un chileno, una italiana y una canadiense, y lo cotidiano era compartido por los habitantes de ambos apartamentos.

La convivencia fue buena durante los tres días en los que estuvimos allí, un tanto psicodélica pero al fin y al cabo estamos de viaje.

La estancia más larga en  Vancouver fue en Patricia Hotel, un humilde y maravilloso hotel situado en las afueras de la zona más deprimida de Vancouver, Hastings Street. Dicen la zona más peligrosa posiblemente de todo Canadá. Lo dicen los que no ven más allá, una calle que es la basura orgánica del sistema, sistema del que todos en mayor o menor medida somos cómplices.

Hastings se merece un desarrollo más amplio en su descripción. Ya que es la calle de los perdedores. Los que no supieron adaptarse. Los que nunca tuvieron la oportunidad. Los que fueron abandonados a suerte y sin hoja de rumbo. Aquellos que no son necesarios. Pero sobre todo esta abarrotada de mentes diferentes y por tanto más interesantes.  La mayoría de esta gente, al igual que en el resto de la sociedad, no tiene tiempo para pensar en robarte o herirte. Tienen sus propios quehaceres diarios. Si algún día alguno de los que lee esto se acerca a Vancouver les invito a recorrer esta calle y ver donde uno de los sistemas más modernos del planeta deposita su basura.

Para terminar volvimos a hacer couchsurfing a las afueras de Vancouver, cerca del aeropuerto. Allí nos alojaríamos en casa de Lock y Lauren. Lock es un chico vietnamita que se dedica a la pesca de marisco y ella es una chica aborigen majísima. Con ellos descubriríamos el puerto pesquero donde los arrantzales venden el pescado directamente desde los barcos.

En está última estancia conoceríamos a un chico francés que llevaba cuatro años viajando con su novia en coche y con el que compartimos grandes conversaciones sobre nada y sobre todo.

 

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